La fe mueve los hilos rojos creando enlaces maravillosos
Punta Cana, La Altagracia, RD.- Crecí viendo la relación de mi mamá con su ahijado y entendiendo que el madrinazgo sale siempre de lo más profundo del corazón.
Él venía a visitarla y le traía regalos en Navidad y en el día de las Madres: un talco perfumado, unos jabones finos de olor, un agua perfumada.
Él llegaba radiante, con esos ojos que alumbraban en la oscuridad y su sonrisa picarona. «Ción, Madrina», decía. «Pero… Madrina…», balbuceaba cuando mi mamá lo sermoneaba.
Un día llegó contando que había abierto Burger King y que él estaba trabajando allí. «Ahí hay que limpiar pocetas, madrina», le contaba a mi mamá, «algo que yo nunca he hecho en la casa» y reía. Mamá le replicó: «Para que tú veas, hijo, cómo funciona el mundo de verdad allá afuera».
Una vez lo llamó porque desde lejos, en la noche, lo vio en la esquina con malas juntas. Llegó con la cabeza gacha. Mamá nos dijo a mi hermana y a mí que nos adelantáramos y vimos cómo lo regañaba y él sólo atinaba a asentir con la cabeza.
El ahijado de mi mamita falleció joven. Lo atacó una bacteria. Su sistema inmunitario se debilitó tanto que no resistió. Recuerdo que mami titubeó porque no sabía si podía ser contagioso lo que tenía y quería ir a verlo. Le dije por teléfono: «Mami, no es contagioso, vaya y abrace a su ahijado sin miedo, que sé que está loca por hacerlo».
Yo anhelaba un ahijado, pero como la palabra en inglés lo dice: «Godmother, Godfather»: una segunda madre o padre designado por Dios y él es el que sabe.
Mi sobrino Oscar Aníbal tenía sus padrinos asignados cuando nació. Sin embargo, su madrina falleció antes de su confirmación. Entonces, mi cuñada me pidió que fuera la madrina «emergente». Y era el único ahijado que yo tenía hasta… ¡AYER!
El Viernes Santo, Carol Mariel me pidió que fuera su madrina. Su confirmación sería el Sábado de Gloria. Llena de honra y con los ojos aguaditos, acepté inmediatamente.
Señores, tengo una ahijada, designada por Dios, y se llama Carol Mariel Sánchez Almanzar. Es dominicana. A través de ella, estiro mi hilo rojo y lo ensarto en tierras quizqueyanas.

