Lo más simple es lo que menos se olvida

Tenía yo unos 11 años y mi sobrina, Libertad, 9. Era sábado.

Aníbal, mi hermano, el papá de Libertad, nos vino a buscar para pasear el fin de semana.

El único problemita de mi hermano es que no tenía dinero, pero igual, nos había prometido sacarnos a pasear. De modo que a las 10 am lo esperábamos ansiosas en el estacionamiento de aquel Bloque 7 de Coche, Caracas, mi ciudad natal. Teníamos nuestros bolsos al hombro porque con Aníbal, nunca se sabía, así que teníamos tanto un suéter como un traje de baño.

No pasó mucho rato hasta que apareció él en su Volkswagen y nos montamos.

Nos llevó a pasear a «Cochecito» y subió y subió y subióooooo, para decirnos: «Aquí mis hijas vive gente muy pobre de Caracas. Fíjense en el tipo de viviendas y nos mostró los «ranchos». Los ranchos son  viviendas contruidas con el material que se tenga a mano y en ocasiones, de forma muy improvisada. 

Luego nos llevó a «La Lagunita», para decirnos: «Aquí, mis hijas, vive la gente con mucho dinero en la ciudad de Caracas». Y se podían observar las casas tras grandes muros y amplias áreas verdes muy bien cuidadas.

A mediodía nos llevó a un Tropi Burger a almorzar y seguimos paseando. Vimos «cosas interesantes» de la ciudad, acompañados de muy buenos discursos. 

Al caer la tarde, nos devolvió a casa. El paseo había terminado. Ahora pregúntenme si el recuerdo sigue vivo en mí (tengo 51 años).

Las cosas más simples que he disfrutado… son las que más difícilmente se me olvidan.

Dedicado a la memoria de mi difunto hermano Aníbal José León Salguero, que Dios siemre tenga en su santa gloria.

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